JUAN JOSE ALVAREZ ALONSO (MELWA)

JUAN JOSE ALVAREZ ALONSO (MELWA)

D.O. TIERRA DE LEÓN

La bodega de Melwa en Valdevimbre fue fundada en 1908. Actualmente regentada por la tercera generación de bodegueros. Fue fundada por D.Melquiades Álvarez en 1908.

Sus hijos Melquiades y Valdo, dieron el nombre a Melwa.

Muchos son los pueblos dedicados a la explotación vinícola, pero pocos los que saben sacarle tanto provecho como Valdevimbre. Esta pequeña localidad de la comarca del Páramo Leonés es considerada la cuna del afamado Prieto Picudo, un vino elaborado con la variedad de uva que le da nombre y cuya calidad le ha hecho merecedor de la D.O. Tierra de León. Un pueblo que justifica eso que ahora se llama enoturismo y antes se justificaba con la idea de ir a ver una bodegas y charlar con unos amigos.

Sus bodegas típicas son tan originales como eficientes. Excavaciones más o menos grandes construidas en la ladera de una pequeña pendiente que mantienen una temperatura constante en su interior durante todo el año, resultando idóneas para elaborar y criar el vino en barrica.

Muchas de ellas han abandonado su función inicial para verse reconvertidas en modernos restaurantes que combinan la magia de un espacio único, la historia de un pueblo y el disfrute por la gastronomía. A una de las más antiguas, casi seis siglos, se le reservó el honor de albergar el Museo del Vino, para compartir con los visitantes el método tradicional de elaboración del vino Prieto Picudo.

Creciendo en este ambiente cuesta no desarrollar un intenso amor por el vino. Los hermanos Melquiades y Waldo vivieron rodeados de viñas y comenzaron a cultivarlas ellos también allá por los años 50. De la fusión de sus nombres y de sus ganas y esfuerzo, nació Melwa, una pequeña bodega familiar a la que se dedicaron toda una vida. El testigo pasó a manos de Juan José Álvarez, quien la dirige desde entonces con la misma pasión y buen hacer.

Melwa es una bodega tradicional con tan sólo doce hectáreas de viñedo y una producción que no sobrepasa los 50.000 kilos, pero capaz de elaborar un vino excelente que se codea con los mejores. Entre cantidad y calidad, su elección es clara.

Vino joven blanco, rosado y de roble, junto al tinto crianza descansan en sus barricas de roble francés y americano hasta el momento de ser embotellados. A la espera de llegar a nuestra mesa para acompañar nuestras comidas y llenarlas de sabor y tradición. Pues mira una buena excusa para ir practicar el enoturismo… Sin prisas que hay que saber vivir.


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